Análisis de la Fundación Galicia Europa sobre el resultado del voto

Bruselas, 16 de enero de 2019. La votación del proyecto de Acuerdo de Salida del Reino Unido de la Unión Europea en el Parlamento británico se celebró el martes 15 de enero. Como se esperaba, el acuerdo fue rechazado por un amplio margen de votos (432 votos en contra, 202 a favor, lo que supone un margen de 230 votos), una derrota sin precedentes en la historia del país.

Ante este resultado el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, presentó una moción de no-confianza (el equivalente a la moción de censura del sistema parlamentario español, pero sin carácter constructivo ) contra la Primera Ministra. El voto sobre la moción se celebró el miércoles, 16 de enero, y Theresa May consiguió el apoyo de la Cámara para continuar siendo la líder del gobierno por un margen de 19 votos. La moción obtuvo 325 votos en contra y 306 votos a favor. Este apoyo provino de los miembros del Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte, la parlamentaria independiente de Irlanda del Norte Sylvia Hermon, tres parlamentarios independientes exlaboristas y todos los miembros del Partido Conservador. Todos los demás miembros de la oposición (conformada por el Partido Laborista, el Partido Nacionalista Escocés, el Partido Liberal Demócrata, Sinn Féin, el partido de los Verdes y el galés Plaid Cymru) votaron a favor de esta moción. De esta manera, los mismos parlamentarios conservadores que el día anterior habían rechazado el Acuerdo de Retirada propuesto por May (118), le concedieron su apoyo en la moción de no-confianza.

Como resultado de una decisión del Parlamento británico de la semana pasada, May deberá explicar el próximo lunes cuál es su plan a partir de ahora, sin perder de vista que el calendario del Brexit prevé la salida de Reino Unido el próximo 29 de marzo. Así, la líder de los conservadores en la Cámara de los Comunes, Andrea Leadsom, ha comunicado a los parlamentarios que May realizará una intervención el lunes 21 de enero para detallar su hoja de ruta y se presentará una moción sobre este plan que será debatida el 29 de enero. Los parlamentarios podrán introducir enmiendas a este plan B y se dedicará toda la jornada a un debate al efecto. Previsiblemente, este será el momento en que se pueda votar el plan del partido laborista (que presentará a través de enmiendas al plan de May), así como una enmienda que plantee el rechazo al escenario de no-acuerdo. También se podría introducir una enmienda apelando a un segundo referéndum.

De cara a esta segunda votación, la primera ministra se está reuniendo con las formaciones presentes en la Cámara para intentar alcanzar un acuerdo que cuente con el apoyo mayoritario. Ha puesto al frente de esta tarea a su número dos, David Lidington.

En términos generales, las ideas que los líderes de la oposición están trasladando a la primera ministra son: a) el rechazo frontal de un Brexit sin acuerdo; b) la solicitud a la UE de que extienda el límite del artículo 50 más allá del 29 de marzo; c) que se proponga la convocatoria de un segundo referéndum.

Por parte del gobierno, algunas fuentes apuntan a que May podría estar trabajando en la alternativa de un acuerdo comercial siguiendo el "modelo Canadá" con un límite temporal a la salvaguarda irlandesa. May ha descartado de antemano la posibilidad de la permanencia en la unión aduanera que reclaman los laboristas y también ha expresado su reticencia al "modelo Noruega" porque la permanencia en el mercado único choca con su promesa de acabar con la libertad de movimientos y "recuperar el control de las fronteras".

La postura del principal partido de la oposición

Los únicos interlocutores que no están presentes en las reuniones bilaterales que está llevando a cabo el gobierno son los miembros del Partido Laborista: Jeremy Corbyn supedita el inicio de estas conversaciones a que la primera ministra se comprometa a retirar de la mesa la posibilidad de un Brexit sin acuerdo.

El líder de la oposición está recibiendo muchas presiones para la convocatoria de un segundo referéndum, pero hoy, durante una rueda de prensa en Hastings (sur de Inglaterra) ha confirmado que no lo convocará hasta que se hayan agotado todas las vías. Insiste en que la primera opción será intentar que el Parlamento británico apruebe el plan del partido laborista. Después de esto, si la alternativa es un no-acuerdo, se plantearán la convocatoria de referéndum.

El socialista recordó que su partido defiende un acuerdo de salida de la UE con tres elementos: i) pertenencia a la unión aduanera permanente; ii) relación estrecha con el mercado único; iii) la garantía de que se mantengan los estándares de protección europeos en el ámbito de los derechos laborales, medioambientales y de consumidores. Downing Street se ha mostrado de acuerdo con el tercer punto, pero May no apoya el primero. El segundo es el más problemático, porque es el más incierto: los laboristas quieren contar con las ventajas de pertenecer al mercado único sin la membresía completa, algo que la UE ya ha rechazado.

Por último, no ha descartado la posibilidad de que se convoquen nuevas mociones de no-confianza. En el caso en que se presentase y se ganase, hay que tener en cuenta que el gobierno contaría con una semana a partir de la votación para intentar recuperar la confianza del Parlamento, para constituir un gobierno en minoría o coalición con el Partido Laborista. Si no se produce este resultado, el parlamento se disolvería y se convocarían elecciones. El parlamento estaría cerrado por un mes, y la semana del 11 de marzo sería la fecha más temprana en la que se podrían convocar tales elecciones. El 12, el nuevo gobierno podría solicitar a la UE extender el plazo del artículo 50. El 21 de marzo está previsto que empiece el Consejo Europeo.

Cabe señalar que el líder del partido Liberal Demócrata, Vince Cable, ha declarado que no apoyará futuras mociones de no-confianza del Partido Laborista hasta que no se comprometan a apoyar un segundo referéndum.

Posibles escenarios

• Brexit suave: un grupo de parlamentarios de diferentes partidos están apostando por un acuerdo que incluye la permanencia en el mercado único, parecido al que se ha presentado en la Cámara. Esta opción es la preferida por las empresas pero choca con los intereses del ala pro-Brexit de los conservadores.

• Renegociación: la mayoría de los conservadores que se oponen al Acuerdo de Retirada están reclamando que May vuelva a Bruselas para renegociar en condiciones más ventajosas. Sin embargo, la Unión Europea ya ha dejado claro que no quiere reabrir las negociaciones.

• Un segundo referéndum: Una parte de los parlamentarios conservadores han lanzado una campaña para la convocatoria de un segundo referéndum, “Right to Vote”. La idea es que se trasladase al público británico la última palabra sobre el Brexit en el caso en que el Parlamento siga bloqueado. Jeremy Corbyn también está recibiendo muchas presiones para que convoque un referéndum, el “People’s Vote” (las encuestas señalan que el 70% de los miembros del partido Laborista estarían a favor de un segundo referéndum). A su vez, Nicola Sturgeon (ministra principal de Escocia) solicitará que el resultado del referéndum solo sea válido si las cuatro regiones del Reino Unido votan de manera similar -este reclamo ya había sido rechazado por David Cameron en 2016. De cualquier manera, esta opción necesitaría del apoyo del Gobierno británico para prosperar. Según las últimas encuestas, el 56% de la población estaría a favor de quedarse en la UE, frente a un 44% que estaría en contra.

• El acuerdo de May triunfa: varios de los miembros del gabinete están confiados en que se podría aprobar una versión del plan de May en la segunda votación. Aquellos que han votado en contra podrían cambiar su postura si la alternativa es un segundo referéndum o un Brexit sin acuerdo.

• Brexit duro: si la primera ministra no consigue los apoyos necesarios para aprobar un acuerdo, la opción por defecto es que Reino Unido abandone la UE el 29 de marzo. En este caso se adoptarían las reglas de la Organización Mundial del Comercio para las transacciones en la frontera norirlandesa. En los últimos días se ha venido insistiendo en que, al contrario de lo que argumentan los brexiteers, sí sería necesario realizar controles aduaneros a ambos lados de la frontera irlandesa en caso de un brexit sin acuerdo. Bajo las reglas de la OMC, el Reino Unido podría optar por imponer aranceles cero al comercio con la UE, pero entonces estaría obligado a ofrecer estas condiciones a cualquier otro país. Esto implicaría importar alimentos y productos lácteos desde países que, hasta ahora, contaban con aranceles muy altos, como Brasil o Nueva Zelanda, lo que no resultaría beneficioso para la producción interna del Reino Unido. En este sentido, los líderes de la oposición han manifestado que “harán todo lo posible para que no se dé el escenario de no-acuerdo” (incluida la posibilidad de convocar un referéndum).

Reacciones de los líderes europeos al rechazo del Acuerdo de Salida

En general, todos los líderes europeos han lamentado el resultado de la votación del Acuerdo de Retirada en el Parlamento británico. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker señalaba la necesidad de “que Reino Unido clarifique sus intenciones cuanto antes“ en su declaración oficial después de conocerse el resultado. Donald Tusk fue uno de los mandatarios más directos al preguntar por Twitter “quién tendrá finalmente el coraje de decir cuál es la única solución positiva” (apelando a la posibilidad de que el Reino Unido se replantee la salida o a la posibilidad de la convocatoria de un segundo referéndum). A Tusk se le unió Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, alegando que “este voto son malas noticias”. Frans Timmermans y Michel Barnier se pronunciaron de manera similar ante el pleno del Parlamento Europeo del 16 de enero.

Austria y Estonia se han mostrado duros con el Reino Unido “No habrá renegociación del acuerdo de retirada”, ha comunicado Sebastian Kruz, canciller austríaco, que quiso rebajar su tono argumentando que no quiere ver un “Brexit duro”. Por su parte, otros países han sido más políticamente correctos. La canciller alemana Angela Merkel señalaba que "todavía hay tiempo para negociar". España, en voz de su presidente, Pedro Sánchez, ha argumentado la “catástrofe” a la que se atienen los británicos y las consecuencias para los ciudadanos europeos. A este comentario se le han unido Chequia, Lituania, Eslovenia o Bélgica. Paralelamente, se pone el énfasis en la necesidad de prepararse para todos los escenarios.

Por parte de Irlanda, el primer ministro Simon Coveney ha “urgido” al Gobierno británico y a los parlamentarios a encontrar una solución. Dublín considera que “no se puede renegociar el acuerdo alcanzado” y que, a pesar de no querer una salida sin acuerdo, “el Gobierno ya ha preparado un paquete de medidas legislativas para hacerle frente”.

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